Ella me dejo, Yo la dejé... Nos dejamos.
A escasos días de su irrefutable despedida, he comprendido cómo es que se gasta el tiempo, cómo es que se llegan a comprender silencios.
Ella me enseñó que el amor no basta, y trato a diario de aprenderlo y sobre todo aceptarlo. Aún no sé que me depara la vida; es tan ambigua y tan traicionera, que le tengo un miedo atroz.
Ella es una mujer extraordinaria, nos conocimos; de la manera más simple y me enamoré de ella de la manera más romántica. Nos hizo falta tiempo para sabernos más, sin embargo el tiempo a su lado, fue el suficiente para quererla así, tan distinto, tan grande; como el universo mismo.
Siempre me sonrió tan sincera, y así, así me quiso a mí. Nos inventamos en cada espacio, en cada rincón. Sus manos, cómo no escribir de sus manos, tan perfectas a las mías, tan acordes a mi alma, a mis ganas. De sus ojos no escribo pues me calan hasta la sangre misma...
Y, cuando el amor no bastó, dejé que se fuera, con parte inmensa de lo que soy. Acordoné mis deseos para no llamarla, para no intervenir en su vida. Sé que allá, donde sus pasos pisan estará mejor sin mí. Somos viento que transitan la ciudad que nos vio amarnos.
Ahora, cuando la recuerdo con su risa de lado y sus gafas; yo sonrío, porque sé que nos quisimos como nadie de este estratosférico mundo. Nos quisimos como el mar y el cielo no han sabido hacerlo aún. Por eso ahora, cada vez que a diario me asalta su nombre, sonrío. Y por qué no, también en su silencio lloro, con unas lágrimas sin tiempo.
De los planes que hicimos cumpliremos el más fiel que nos propusimos, adorarnos. Adorarnos sin relojes ni lugares; sin límites ni trazos. Nos adoramos tanto que es inevitable callar al corazón cuando de el me cuestionan.
En donde quiera que se encuentre ella, la estoy besando siempre, con un beso que dura toda la vida; esa a la que le tengo tanto miedo.
No hay amor más dulce y amargo que el que dejó el sabor de su último abrazo, ese que me abrazò el alma. Hay despedidas que se retrasan aunque se hayan pronunciado desde hace tiempo...
En esta carta despedida, se me va el alma.
Ella estará bien, y sé que de vez en cuando me recordará. Yo estaré bien y sé que de vez en cuando la recordaré. Nos amaremos sin tocarnos, sin sabernos, sin vernos, sin rendirnos...
El tiempo nos dirá lo que sigue...
Dedicada para, ....
Octubre, 2010
Eduardo
Dedicada para, ....
Octubre, 2010
Eduardo
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